“La calma es un estado fisiológico entrenable.”
Inspirado en Nazareth Castellanos
Se acerca el fin de año y con él, muchas veces, el apuro, las listas y el cansancio acumulado. Es fácil sentir que la calma es algo que llegará después: cuando terminemos los pendientes, cuando lleguen las vacaciones, cuando todo esté en orden.
Me gusta mucho esta idea porque nos saca de la exigencia de “tener que estar en calma”. La calma no es un premio para quienes ya lo tienen todo resuelto. Es algo que el cuerpo aprende, de a poco, con práctica, igual que aprende a caminar o a nadar.
La calma vive en el cuerpo
Solemos buscar la paz en los pensamientos: tratar de convencernos de que todo va a estar bien. Pero el cuerpo tiene su propio camino de vuelta. Cuando la respiración se vuelve más lenta, el cuerpo entiende que puede soltar la alerta. No hace falta creer en nada para que eso pase; solo hace falta practicarlo.
Un ejercicio de un minuto
- Siéntate cómoda o cómodo, con los pies apoyados en el suelo.
- Inhala por la nariz contando hasta cuatro.
- Exhala lento por la boca contando hasta seis.
- Repítelo cinco o seis veces, sin pretender nada.
Puedes hacerlo al despertar, antes de una conversación difícil o al final del día. Unas pocas veces al día bastan. El cuerpo va recordando el camino.
Volver a este momento
“El momento presente es todo lo que tienes.”
Eckhart Tolle
La vida no ocurre en otro lugar ni en otro momento. Ocurre aquí, en esta respiración. Cada vez que vuelves a ella, aunque sea por un minuto, estás entrenando la calma.
Si sientes que es un buen momento para mirar algo con más profundidad, acompaño procesos de terapia holística de manera online desde Chile. Y si quieres recibir una reflexión como esta una vez al mes, puedes inscribirte en mi newsletter.

